Controlando el SARR
(Sistema Automático de Respuesta Rápida)
Me he dado un porrazo contra una silla que no está donde debiera estar… Automáticamente las ganas de gritar un taco bien alto y darle una patada con todas mis fuerzas a la silla mandándola lo más lejos posible se despiertan en mi estado de ánimo. Una persona me trata mal, inmediatamente se pone en marcha el SARR y me enfado respondiéndole lo más duro que puedo. Se pincha una rueda del coche cuando llevo prisa; le doy un buen golpe al neumático. Todos son ejemplos de comportamientos automáticos que nos cuestan controlar; la razón es que son programas que tienen miles de años y están fuertemente enraizados en nuestro cerebro, antes eran elementales para la supervivencia, programa ataca-huye, hoy casi todos están obsoletos pero siguen escondidos en las profundidades de nuestras neuronas y en activo. ¿Podemos cambiarlos? La flexibilidad, la plasticidad de nuestro cerebro es tal, que podemos cambiar casi todo lo que nos ocurra. Solamente hace falta motivación para el cambio, disciplina, coraje y constancia para un entrenamiento largo y a veces difícil pero son metas no imposibles de lograr porque otros lo han conseguido antes que yo.
La técnica de transformar el mal hábito en otro bueno es por medio de pasos cortos y recompensas en cada victoria. El cambio no se produce por grandes golpes de timón, que ocurren raras veces, sino por pequeñas pasos que damos todos los días.
Y el cerebro aprende.










