El robot y la persona
“Si te puedes sentar tranquilamente después de escuchar malas noticias…
Si en los tiempos de dificultades financieras eres capaz de permanecer en perfecta calma…
Si puedes aceptar incondicionalmente a todo el mundo y contemplar los viajes de tus vecinos a lugares maravillosos sin el menor rastro de envidia…
Si puedes comer sonriendo cualquier tipo de alimento que te presenten…
Si puedes dormirte después de un día ajetreado sin un sorbo de alcohol o una pastilla…
Si puedes encontrar contento en cualquier sitio en que estés… Probablemente… Eres un robot.”
Esta frase humorística de Jack Kornfield nos señala lo que significa, en parte, ser una persona humana. Un ser que siente. El dolor físico es inevitable, las medicinas alivian el dolor cada vez mejor, pero mientras estemos constituidos por nervios, carne y huesos, el dolor físico es inevitable. Un día nos dolerán las muelas, otro la cabeza o el estómago… Igualmente, las emociones son inevitables: sentiremos ira, tristeza, miedo en distintas formas, celos, etc. El intentar no sentir física o psíquicamente solamente lo consiguen las piedras. Los humanos (y los animales), sentimos, padecemos, lo pasamos bien y mal; esto es ser una persona.
















































