La Ley del Embudo
La profunda necesidad de buscar seguridad en un mundo, a veces, muy hostil, nos conduce frecuentemente a comportamientos patéticos y egoistas, que vistos desde fuera, distanciadamente, nos hace ver las reacciones primarias, propia de niños malcriados por las que nos conducimos ante las dificultades que se presentan.
La Ley del Embudo (ancho para mi, estrecho para los demás) o como se denomina en psicología social con el pomposo nombre de “el error fundamental de atribución”, consiste en que, cuando otra persona comete un error o mala conducta, este se le atribuye a su carácter, actitud o mala educación, jamás a las circunstancias. Si alguien se salta un semáforo en rojo, se debe a que es un imprudente, un borracho o un antisocial. Su personalidad no es muy madura. En cambio, cuando nosotros cometemos un error o una mala conducta, es debido a las circunstancias, no a mi personalidad: yo me salto el semáforo en rojo porque tengo que llevar urgentemente a alguien al hospital o tengo una prisa tan grande para recoger a mis hijos del colegio que no puedo esperar a que el semáforo se ponga en verde. Mi personalidad es muy madura, no soy un antisocial.
La Ley del Embudo siempre disculpa mis errores, no es mi actitud, sino las circunstancias inexcusables las que me obligan a actuar de esa manera, en cambio, en los otros, es su mal carácter o estupidez los que les hacen actuar así.