domingo, 16 de octubre de 2016

Folleto 91

Divorcio (IV)

¿Qué debe hacer el elemento de la pareja que desencadena la tormenta?

Autocrítica. Ya sea el dominante o el pasivo en la relación, debe examinarse si su conducta es la adecuada.

Cuando un elemento de la pareja llame al otro elemento de la pareja la atención sobre algo que, según su opinión no es correcto, nos pararemos y con la mayor objetividad posible examinaremos si lo que le molesta es cierto o no.  Incluso pediré consejo a una persona imparcial para que examine la situación y me indique si yo estoy equivocado o no lo estoy. Si el que está “metiendo la pata” soy yo y es cierto lo que me indica mi pareja, intentaré cambiar, borrar el mal hábito, pediré perdón y admitiré mi error. Admitir que uno se ha equivocado es mágico, pero se necesita ser muy fuerte. Si no es cierto… No lo aceptaré. Pero ese no aceptar debe ser de una manera especial, inteligente, no dejándome llevar por la cólera, contraatacando y procurando dejar K.O. a la otra parte…

La cólera es uno de los elementos más negativos y bloqueantes en la relación de pareja. Ante una observación o crítica de mi pareja, no puedo resistir lo que me está diciendo y con el juicio nublado le devuelvo el golpe. Es un sentimiento que destruye la paz y serenidad mental. Indudablemente hay una cólera positiva, me ayuda a solventar dificultades y es un fuerte impulso motivador para actividades positivas, pero en general conducen al odio, a sentimientos negativos. El antídoto contra la cólera es la paciencia y la tolerancia inteligente.

Freud, dentro de su esquema psicológico de las emociones, opinaba que había que dar rienda suelta a la cólera, una catarsis que nos liberaba. Se basaba en la teoría hidrodinámica (era la época industrial de la máquina a vapor) que afirmaba que al aumentar la presión ésta tiene que escapar por algún lado. Aparentemente parece razonable, el problema es que no funciona. Numerosos estudios nos muestran que expresar de forma sistemática la cólera no solamente no la elimina sino que empeora las cosas. A la larga modela un comportamiento que nos lleva a repetir conductas erróneas y aumentar enfermizamente la presión arterial. Actualmente se defiende que la mejor forma de afrontar estímulos negativos que producen cólera es el enfrentamiento activo, el análisis y diálogo lógico y cambiar la evaluación de nuestros pensamientos, reenmarcar la situación.

Sin embargo, en la mentalidad occidental, apoyada por películas, tv, y todos los medios de comunicación, la paciencia y tolerancia no se consideran virtudes, por el contrario parece una señal de debilidad, de pasividad, de cobardía. La realidad, contracorriente, es que dominar de esta forma la cólera es una señal de enorme fortaleza, de fuerza mental; es la capacidad del guerrero de mantenerse firme en situaciones difíciles; es la señal de una mente fuerte y disciplinada.

No hay que malinterpretar la paciencia y tolerancia, no debemos soportar que nos esclavicen, que nos traten mal, en ocasiones hay que actuar enérgicamente, con una postura fuerte, para que la situación no se repita, pero a partir de la compasión y el distanciamiento. La clave  para discriminar mis emociones y ver si son correctas es si mi actuación me lleva al odio, al resentimiento. Llegado a este punto he caído en la trampa.

Un monje tibetano, tras la invasión china del Tibet, fue encarcelado durante un largo periodo de tiempo. Tras su liberación y huida a la India, contaba que había corrido un gravísimo peligro. Preguntado que cuál era ese peligro, contestaba: “He estado a punto de odiar a los chinos”.
Un buen ejemplo.

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